El viernes partí con mi marido a Valparaíso, ciudad porteña a una hora y media de Santiago. Felices partimos los dos, no sólo porque queríamos tener una mini luna de miel (alejarnos unos días de la cotidianedad de nuestra casa) sino también porque íbamos a participar en una cena clandestina organizada por el blog PrietasConPapa. Cena que al enterarme que se hacían una vez al mes, me apresuré a inscribirme ya que quería participar de esa experiencia.
Llegamos a alojarnos al Hotel Zero, una casa antigua transformada en un hotel boutique. La vista a la bahía que teníamos era maravillosa. Partimos a comer esa noche al restaurant Samsara, comida thai muy rica y un rico ambiente. Al otro día recorrimos los cerros, disfrutamos la linda ciudad y esperábamos con ansias el mensaje de texto donde nos iban a informar donde se realizaría la comida.
A las 9:30 estábamos listos y parados en la dirección que nos habían informados que teníamos que ir. Nerviosos dimos nuestra clave para poder ingresar a la casa (la que nos habían mandado en un mail junto con todas las instrucciones de logística para esa noche). Pasamos por la cocina donde los olores que salían nos abrieron el apetito y llegamos a un gran comedor donde nos sentaríamos los 14 comensales. Como llegamos de primero, aprovechamos de sentarnos en el lado donde podríamos disfrutar de la linda vista al puerto de Valparaíso. De a poco fueron llegando el resto de las personas con quienes compartiríamos nuestra comida. El grupo fue muy entretenido ya que todos compartíamos la afición por comer rico por lo que teníamos mucho tema para hablar (pasamos harto tiempo hablando de nuestros restaurantes favoritos).
Partimos con un rico pinot sour, una novedad exquisita.
El chef nos informó que el menú sería de comida chilena con un toque invernal, donde el protagonista sería el chancho con sus preparaciones de cola a cabeza.
Para picotear nos pusieron un plato con pedacitos de cola de chancho, crujientes, sabrosos y bien grasientos. Para cambiar sabor una balanceada ensalada de apio, palta y rabanitos. Luego siguieron unos erizos fresquitos y deliciosos para luego saborear una tapas con arroz a la banda, camarón relleno con queso ahumado y jamón serrano, calamar relleno con crema de queso crema todo acompañado con alioli (mi plato favorito de la noche). Después nos llegó un rollizo (pescado de roca) acompañado de una crema de zapallo camote y naranja todo espolvoreado con una sal ahumada increíble.
Para pasar a las carnes y cambiar sabor se nos dio un granizado de pepino, jengibre, naranja y yogurt.
Luego un estofado de Chillán, distintas carnes cocinadas en chardoney y un caldo bien ahumado (la carne impresionantemente blanda y una sopa para levantar muertos). Para luego probar su plato estrella y regalón, cachete de cerdo cocinado por muchas horas (realmente delicioso), arrollado de cerdo y causeo de pallares con prieta. Como ya se abran imaginado con tantos platos ya era difícil de comernos todo.
Y para terminar un pre-postre al más estilo Ferrá, una esfera liquida de cedrón y yogurt que literalmente explotaba en nuestra boca. De postre una torta de tres leches de coco, helado de miel de ulmo (aclamado por la mesa) y una panna cotta de borgoña, que a mí me pareció además de exquisita muy novedosa.
QUEDAMOS CON LA GUATITA LLENA Y EL CORAZÓN CONTENTO.
Esta cena fue una experiencia increíble no sólo por la clandestinidad del evento sino también por la maravilla que comimos que demostraba mucho cariño, dedicación y maestría del equipo que la preparó.
Si quieren más información de estas cenas (que sólo se hacen una vez al mes) en Valparaíso, deben ir a blog:


































